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jueves, 30 de mayo de 2013

Hábitos de lectura en pantalla y bibliotecas en Argentina: un cruce todavía inexplorado e inesperado

El Consejo Nacional de Lectura realizó una "Encuesta Nacional sobre los hábitos de lectura de 2011” en Argentina. Los resultados se publicaron el año pasado con todas las pompas desde el gobierno nacional aunque los medios masivos de comunicación poca difusión le dieron a la misma. Desde ese entonces y ante el "jugoso" informe me han surgido varias reflexiones que me han llevado a preguntarme principalmente sobre el lugar que ocuparían las bibliotecas ante la lectura en digital y en pantalla en Argentina (aunque las reflexiones se podrían extrapolar a otras latitudes).

Esta encuesta se realizó entre octubre y noviembre de 2011. Fue la Universidad Nacional de Tres de Febrero el organismo que llevó adelante el trabajo de campo, a través de entrevistas domiciliarias y de aplicación personal; luego los datos fueron procesados por el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SINCA) y el Consejo Nacional de Lectura a través de una comisión integrada por representantes de cada organismo se encargó de su análisis. 

Se diseñó una encuesta estratificada según las regiones del país: Área Metropolitana de Buenos Aires, NEA, NOA, Centro, Cuyo y Patagonia. El tamaño de la muestra fue de 3.568 casos efectivos, sobre un total de 3.600 casos planificados; considerando un nivel de confianza del 95,5% y un error de 1,63 a nivel nacional.

Reflexiones sobre conocimiento y concurrencia a la biblioteca

Comienzo por el final. Es el punto 6 donde se presenta una variable relacionada con las bibliotecas: Conocimiento y concurrencia a bibliotecas. Las bibliotecas son conocidas y son vistas como resguardo de la educación y la cultura.

Mi reflexión personal comienza con el título de este apartado ya que parece que las bibliotecas para los encuestados es un espacio de la cultura tradicional. La verdad que no es un gran descubrimiento del informe que la gente reconozcan que existan las bibliotecas. Además, que sean conocidas no quiere decir que sean visitadas. Por lo menos en el informe los que contestaron, en gran mayoría, parece que han visitado bibliotecas. Por otro lado, se menciona que son "vistas como resguardo de la educación y la cultura". Todavía perviven en el imaginario la visión clásica de la biblioteca en el sentido de "resguardo", como acciones relacionadas con la "custodia", la "guardia" del material, pero no con respecto a otra visión más moderna de difusión, espacio de construcción del conocimiento y el aprendizaje. Además, siempre vinculado a la educación y la cultura, y no referido al ámbito de la información, y ni siquiera del mundo digital. Por lo tanto, la biblioteca se visualiza como un espacio tradicional enfocado a una visión de hace décadas atrás. Esto demuestra que los bibliotecarios tenemos que trabajar por brindar otra realidad e imagen de las bibliotecas en  Argentina.

El siguiente cuadro muestra ahora sí resultados más detallados sobre la biblioteca que nos ayudarán a interpretar mejor mi reflexión anterior:

"Casi todos conocen alguna biblioteca. Unos cuantos fueron alguna vez". El 72 % respondieron que conoce la ubicación de alguna biblioteca y el 28 % no. En este caso nos encontramos con que la biblioteca es un lugar conocido. A pesar que en las preguntas de la encuesta se aclara como si "biblioteca escolar/popular" fueran lo mismo, opino que hubiese sido interesante indagar para otra oportunidad si son más conocidas las bibliotecas populares que las escolares, pero convengamos que la biblioteca escolar tiene a su usuario determinado por el acto escolar y sus instalaciones no son de acceso público y siempre acotado a su institución. 
Otro punto de los resultados es que dicen que el imaginario social es muy nítido: 24 % son resguardos de la lectura, la cultura 18 %, y la educación 12 %.  La visión de la biblioteca ligada al formato "libro" es muy fuerte, aunque me llama la atención que hay un 33 % que no se le ocurre o no contesta en vincular biblioteca a una palabra y hay otro 33 % que dieron diferentes tipos de nombres. El 12 % relacionó biblioteca con alumnos y educación, otra muestra que la biblioteca escolar y el impacto que tiene en la cultura bibliotecaria argentina. 

"Las bibliotecas son lugares conocidos". Mi reflexión de los resultados se profundiza con respecto al párrafo anterior. En el informe tanto las bibliotecas escolares como las populares son los tipos de bibliotecas más conocidas, mientras que concurren más a las escolares que a las públicas. Esto habla de la importancia de la biblioteca escolar y el trabajo de los bibliotecarios escolares principalmente y lo mucho por hacer por las bibliotecas y bibliotecarios de las populares. No acuerdo con la  diferenciación con otras bibliotecas estatales, ya que este tipo de bibliotecas no es muy difundido y conocido en Argentina y no sé a qué se refiere. La verdad que en nuestro ámbito se suelen conocer como bibliotecas públicas. Un dato que me llamó la atención es que el informe dice que el 30 % (?) los argentinos conocen la Biblioteca Nacional, en realidad a lo sumo sería el 30 % de los encuestados.  Quizás en lo anterior una redacción desafortunda puesto que me sorprende que la Biblioteca Nacional Argentina verdaderamente tenga tanta incidencia en la población. Por lo menos en los ámbitos educativos y sociales que me muevo pasa totalmente desapercibida. En esta lectura me quedan dudas.

Entonces en este apartado queda claro que la mayoría de los encuestados ven a la biblioteca vinculando con los libros, el resguardo de la lectura , la cultura y la educación. El mundo de la información y la lectura digital vinculados a la biblioteca no aparecen relacionados por lo menos en el imaginario de los enuestados argentinos. Queda mucho trabajo en Argentina para desde las bibliotecas reducir esta brecha digital de lectura y trabajar en activo en pos de ello. Es un cruce necesario, inexplorado y no imaginado, entre biblioteca, lectura digital en particular, y cultura digital, en general.

Reflexiones sobre hábitos de lectura en pantalla ¿y bibliotecas?

En este informe no se habla de lectura digital, como si lo más importante fuese el soporte y no el contenido. A mí en estos casos me parece más indicado hablar de lectura digital, puesto que habla de una disposición lectura y un habitus relacionado no solo con la "acción pasiva" de la lectura impresa sino que también en el mundo digital implica alguna actividad de producción de sentido. Hoy pregunto si se puede considerar lectura, leer en redes sociales, e incluso tuits y no solo acotarlo a documentos en pantalla. Incluso en esta investigación se deja de lado otras "pantallas" en plural ante la proliferación de dispositivos que se usan para la lectura: smartphone, tablets, netbooks, notebooks, etc. Esto es salvable puesto que el avance tecnológico sigue siendo muy rápido en pocos años.

En el glosario se aclara que se entiende a la  lectura en pantalla como "aquellas personas que leen 10 minutos seguidos y aunque sea de vez en cuando, textos de cualquier tipo de la pantalla de la PC". Como aclaré en el párrafo anterior, pienso ahora que por ejemplo las tablet recién se están empezando a expandir su uso en Argentina con la llegada de dispositivos de carácter de ensamblado nacional. Por eso creo que los resultados serían distintos en 2013 que en 2011 por el efecto de las políticas de alfabetización digital, del Plan Conectar Igualdad, entre otros.

Hay un dato que marca que la lectura en pantalla se incrementó considerablemente comparando desde el 2001 al 2011. Este dato corrobora lo anterior. Tanto el mercado y el Estado Nacional han sido protagonistas para profundizar esto. Pero el acceso a la tecnología no implica que la población esté alfabetizada digitalmente e informacionalmente, sobre este último aspecto conocemos bien los bibliotecarios y docentes pero gran parte de las bibliotecas de nuestro país no tienen programas de alfabetización informacional entre sus servicios (salvo una parte de las bibliotecas universitarias). Ya que esta notoria carencia muestra una inexistente política bibliotecaria de alfabetización digital e informacional a nivel nacional que quizás alguna vez se coordine y fuese liderada por los organismos bibliotecarios del Estado Nacional: CONABIP, Biblioteca Nacional de Maestros y Biblioteca Nacional, integrantes de este Consejo Nacional de Lectura. 

Encuentro un dato para las bibliotecas que me genera una lectura contradictoria. Depende cómo miremos esos datos. En "Cómo se consiguen los libros", a comparación del 2001, pocos encuestados en el 2011 dicen acceder a los libros desde las bibliotecas. La lectura del documento es optimista, puesto que interpreta este dato como que la población al estar mejor económicamente que en el 2011 que en el 2001, muestra una mejoría del país. Pero para mí esa lectura es terrible: se asocia el uso de libros de la biblioteca y sus servicios a la crisis económica de un país. Es decir, más crisis económica, más biblioteca. Y si supuestamente estamos mejor, ¿a qué se dedicarán las bibliotecas?. No me cierra la idea que no se concurre a bibliotecas porque no hay más crisis. Estos son datos que salieron de la encuesta y en definitiva, como lo vengo repitiendo a lo largo del texto, el gran trabajo por mejorar y posicionar a la bibliotecas en nuestra sociedad, brindando servicios más vinculados a los lectores y usuarios de esta era. ¿Tan desfasados estamos lo que nos desempañados en el ámbito bibliotecario con diferentes formas de lectura?. Los números para mí son más que preocupantes.

En cuanto a la lectura digital el dato más interesante es que "la lectura en pantalla amplía la cantidad de lectores, incluso en papel". Esto quiere decir que la lectura digital potencia cualquier tipo de lectura. Aquí no se tienen datos tampoco de otros datos que me gustaría indagar a mí, de cómo las redes sociales virtuales podría potenciar aún más lectura. ¿De qué manera las redes sociales socializan aún más que décadas anteriores el fenómeno de la lectura?. Es una pregunta que me hago que no tengo respuestas. Pero hoy, mayo de 2013, la lectura para mí está asociada en alguna medidad a las redes sociales. ¿Qué lugar ocupan las bibliotecas argentinas en las redes sociales?. ¿Promueven lecturas, encuentros de lectores, clubes de lectura virtuales en facebook, por ejemplo?. ¿Qué impacto tienen?. Y aún voy más allá. ¿En qué medida las bibliotecas en Argentina promueven la lectura en pantalla y en múltiples soportes?. ¿Por qué siguen ancladas al libro impreso?. Continúan mis dudas y me gustaría indagar en esta línea a lo largo de estos años.

En varios puntos referidos a los libros queda claro en las encuestas que los argentinos prefieren los libros impresos a los digitales. Muy pocos encuestados eligieron leer libros en pantalla. Esto sigue demostrando el "conservadurismo" de la lectura ante un soporte tradicional. Y repito, quizás en este año esos datos ya se estén modificando, así que tendremos que esperar varios años más para ver de qué manera el libro y la lectura digital y/o en pantalla se sigue expandiendo. Las bibliotecas de todo tipo tienen la oportunidad también de posicionarse ante el libro electrónico y digital. Esperemos que en este tiempo lo hagan.
Otro dato alentador para seguir trabajando desde las bibliotecas es que los sectores socioeconómicos bajos leen pocos libros, tanto en impreso como en pantalla. Y leen menos en pantalla. Aquí veo una falta de política nacional de bibliotecas a los bajos recursos de alfabetización digital desde las bibliotecas populares y escolares también. La lectura en pantalla debería ser un derecho para toda la población.
Intento concluyente

En definitiva, los encuestados argentinos, parece que leen pocos libros en pantalla. La lectura de libros todavía sigue estando anclada a lo impreso. Aunque para mi punto de vista, hoy la lectura digital supera la lectura "impresa". Quizás otras categorías de análisis puedan llevar a otros resultados. Considero que la lectura en pantalla es un hábito de lectura que debería trabajarse desde el Estado Nacional y sus organismos bibliotecarios. Pero para ello,  las bibliotecas y los bibliotecarios deberían actuar para establecer otros modelos más modernos de lectura en el siglo XXI y no quedarse en un modelo de lectura único y tradicional. Obviamente que lo digital no implica dejar de lado la lectura crítica y la lectura placentera.  La lectura enriquece más allá del soporte, por eso, también, es necesario profundizar una política de lectura digital hacia los sectores de bajos recursos, lo más relegados por lo visto en esta encuesta en materia de lectura digital y/o en pantalla. El que no tiene acceso al mundo digital y no está alfabetizado digital e informalmente es un desclasado digital, más allá de los dispositivos que posea. La oportunidad la tenemos las bibliotecas y los bibliotecarios de hacer un mundo mejor, a través de la lectura, sea digital o no.
¿Por qué no podemos vincular la lectura digital con las bibliotecas?. Para mí es una tarea urgente e imprescindible en este siglo, como tantas otras. No todo el mundo lo considera así. ¿Y a vos qué te parecen estos resultados?.

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