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sábado, 15 de enero de 2022

Ley del Libro y Biblioteca / por Judith Rosario



No habrá sociedad completa, es decir, que se baste a sí misma, si no se establece de manera democrática el acceso a la información, el camino abierto hacia los libros. Resulta de gran interés el conocimiento de la Ley No. 502-08, del Libro y Bibliotecas, del 29 de diciembre de 2008, establece las normas y principios dirigidos a fomentar las bases de una política que conduzca a democratizar la lectura y el acceso al libro en la República Dominicana. 

Un aspecto que trata es la creación del organismo que asesora el Poder Ejecutivo, y que definirá y velará por la ejecución de las políticas de acceso al libro y promoción de la lectura, la industria editorial y el Sistema de Nacional de Bibliotecas: CONLIBRO.

No se puede juzgar con exactitud si dicha ley está siendo aplicada, o si se ha desviado de su objetivo principal en el proceso de aplicación,   porque como sociedad no estamos viendo resultados.

En mi trabajo como bibliotecaria, en la biblioteca Universitaria Pedro Mir, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, desde hace 15 años, he visto una considerable reducción de la población lectora y considero que una de las causas principales es el aumento en el costo de los libros y quizá esto se deba a la aplicación segmentada de esta ley ya que solo en la institución más cercano al estado gozan de ese privilegio.

La sociedad debe enfocar su ojo crítico y exigir un levantamiento de esta ley, para que el libro llegue a cada niño, a cada adolescente y a todo lector. En los últimos años hemos atravesado una crisis de valores y creo en su totalidad que ha sido producto del cumplimiento parcial de esta y otras leyes.

Creo que como sociedad, si logramos el cumplimiento de esta ley, no solo habrá una considerable reducción en el precio de los útiles escolares, libros y demás recursos culturales, sino que también los sectores más vulnerables, en materia económica, tendrán abierta nuevas posibilidades para educarse y crecer en valores 


La autora es estudiante de la Carrera Licenciatura en Educación mención Bibliotecología. Escuela de Bibliotecología, Tecnología e Innovaciones Educativas. Facultad de Ciencias de la Educción, UASD.

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